En la realización de este ensayo, empecé indagando sobre la palabra clave del texto analizado, “desarrollo”. Mi primer acercamiento lo tuve con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española cuya definición dice “evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida”. Me pareció una definición muy básica pero aceptable por el momento. Y pensé entonces que ésta no podía ser sostenible porque la realidad presente e histórica me hacia disonar de ella. Por tal motivo decidí ahondar en el tema, considerando otras fuentes bibliográficas y conversaciones con profesionales de varias disciplinas, encontrando con más o menos eufemismos, el mismo desenlace: desarrollo igual a mejores niveles de vida. Decidí entonces desarrollar mis ideas a partir del anterior hallazgo.
Desde siempre, el ser humano como único animal incompleto o mejor dicho inconforme, ha decidido aumentar la amplitud de sus límites de satisfacción a niveles cada vez más altos. Por este motivo se ha dedicado, sin consideraciones especiales, a crear más y mejores productos para alcanzar ese umbral de satisfacción y mejorar su calidad de vida. No obstante en esa dinámica de satisfacer las necesidades de una población, la humanidad ha puesto (como lo menciona el texto) “una presión aún mas severa para la base de los recursos naturales de una región”. Es así, que el desarrollo, entendido como un mero crecimiento económico se convierte en un devorador de recursos, que sin cavilaciones a la hora de avanzar se apropia de algo que no es suyo sino del bien común, como los recursos naturales, y se convierte en un proceso insostenible.
Sin embargo, el desarrollo no se da por sí mismo. Nosotros, los seres humanos permitimos que se geste sin tener en cuenta reflexiones sociales y muchos menos ambientales. De este modo, generamos el escenario propicio para que estas dos variables sigan deteriorándose. La primera, porque existe en todo desarrollo una inequidad administrada por los más poderosos lo que permite por ejemplo el crecimiento demográfico en algunas regiones y por ende desordenes sociales. Y la segunda, porque la mayoría de personas y empresas ven a esta variable como un costo y no una inversión beneficiosa lo que conlleva a tomar medidas más de corrección y/o compensación que de prevención y/o mitigación.
Lo que quiero con todo esto es afirmar que el ser humano se equivocó, desde el primer momento en el que inició su desarrollo, en la concepción de la base de los sistemas productivos. Ya que no es inteligente y coherente pensar que para manufacturar un producto (que va a suplir una necesidad, por cierto muchas fueron creadas) tenga que impactar al medio ambiente y, más ridículo aún, tenga que romper el equilibrio natural de las cosas. La crítica está enfocada a pensar cómo articulamos nuestras necesidades con las necesidades del medio ambiente.
En mi opinión, una respuesta para mejorar ese desempeño ambiental ineficiente es el cambio en la producción. Aunque reconozco que esto puede significar desmontar años de desarrollo me parece la opción más sana. Es decir, es necesario, entre otras cosas, motivar a la industria hacia un cambio técnico (tecnología y conocimiento), a través de nuevas experiencias de aprendizaje para prevenir efectos negativos futuros. Pero para esto las sociedades deben ejercer presión sobre estos actores contaminantes, y el estado debe fortalecerse para traducir esa presión en normas, lineamientos y acciones encaminadas a realizar la transformación tecnológica. A pesar de esto, la dinámica anterior debe complementarse con la idea de promover la gestión ambiental como una inversión y no como un escudo ante la normatividad y las sanciones legales, para que de así se dé un verdadero desarrollo, donde la variable económica no sea la única mejorada.
Por otro lado, y sin profundizar en este tema, sí estoy de acuerdo con la necesidad de reestructurar los modelos económicos y sociales para correlacionar todas las variables (ambiental, social, económica, política, entre otras) y así tener un cambio verdadero, con “aumentando el gasto social, en educación y salud; creando empleo de calidad; aumentando la inversión hacia proyectos de alta rentabilidad social”. En definitiva las transformaciones venideras son urgentes, difíciles pero realizables.
Para finalizar, debo decir que todo cambio hacia un desempeño ambiental positivo se dará rápida y consistentemente si se conjugan las intenciones de todos los estados, no sólo de manera verbal y formal en alguna de las tantas convenciones que se han realizado sino de forma práctica, visible y sostenible.
viernes, 14 de agosto de 2009
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